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La respuesta es simple: Fracasan por falta de un diagnóstico adecuado. Muchísimas parejas con infertilidad tienen análisis convencionales de laboratorio normales. Por ejemplo, una prueba química no detectará el grado de reacción inflamatoria producida por una infección ni mostrará  la inhabilidad del cérvix para mantener un embarazo, etc. Para ello se requieren exámenes con imagenes del interior de los órganos.
La laparoscopia es también muy importante para la detección de alteraciones del factor tubo peritoneal, diagnosticar endometriosis y manejarla quirurgicamente.   El primer paso para solucionar la infertilidad es el diagnóstico de sus causas. Sin esta condición, el éxito del tratamiento dependerá del azar por lo tanto los resultados seran desalentadores.

Son varios los factores que afectan a la fertilidad femenina. Se ha demostrado que el peso puede afectar de manera significativa en el tiempo que tarda una mujer sana en quedarse embarazada.
La obesidad y la delgadez extrema pueden influir negativamente en el ciclo menstrual, en el desarrollo normal del óvulo, o en la capacidad de quedar embarazada.
Por esto, los especialistas en medicina reproductiva recomiendan a las pacientes antes de embarazarse o de someterse a un tratamiento de fertilidad, que modifiquen sus malos hábitos nutricionales, aproximadamente de 3 a 6 meses antes de buscar el embarazo.
Algunas mujeres con sobrepeso presentan desequilibrios hormonales que afectan a sus ciclos menstruales y a su ovulación, dificultando las posibilidades de concebir.
El sobrepeso y la obesidad están estrechamente relacionados con el Síndrome de Ovario Poliquístico (SOP), una enfermedad que desequilibra las hormonas sexuales. En las mujeres con SOP, los ovarios no producen la suficiente cantidad de hormonas que estimulan al óvulo para que madure. Además, en algunos casos, los ovarios fabrican cantidades elevadas de andrógenos, lo que puede interferir en el desarrollo y liberación de los óvulos.
Además, la obesidad en sí puede afectar al desarrollo normal del embarazo: las mujeres con sobrepeso tienen mayor riesgo de padecer complicaciones durante la gestación (diabetes gestacional, por ejemplo). Pero también un peso elevado en la mujer embarazada tiene consecuencias en el desarrollo del bebé. En este sentido, los hijos de estas mujeres tienen mayores probabilidades de padecer sobrepeso y obesidad.
El sobrepeso no solo afecta a aquellas mujeres que buscan el embarazo de forma natural, sino que también influye en aquellas que se someten a técnicas de reproducción asistida.
¿Qué se considera peso ideal?
El peso ideal se calcula mediante el índice de masa corporal, para saber si el peso es correcto o no en función de la estatura, no solo del número que marque la balanza. Un IMC mayor de 25 es considerado sobrepeso. En este aspecto, una mujer que supere este IMC puede ver reducida su capacidad de concebir, con respecto a aquellas mujeres que tengan un índice dentro de la normalidad (IMC 18,5-24).
El Índice de Masa Corporal se calcula dividiendo el peso (kg) entre la estatura (metros) elevada al cuadrado: kg/m².

La ligadura de trompas es una intervención quirúrgica que consiste en bloquear ambas trompas de Falopio para evitar el embarazo. La cirugía bloquea el paso de los espermatozoides hacia el óvulo, y del óvulo hacia el útero, por lo que la fecundación entre el espermatozoide y el óvulo no puede producirse. Es un método anticonceptivo considerado permanente, indicado para aquellas mujeres que están seguras de no querer tener hijos en el futuro o para aquellas que el embarazo puede suponer un riesgo para su salud. Pero, en caso de que las mujeres con las trompas ligadas, decidieran volver a tener un hijo, podrían conseguirlo mediante dos opciones: la cirugía de reversión de ligadura de trompas, o recurriendo a la reproducción asistida, con la Fecundación In Vitro.

¿Qué son las trompas de Falopio?

Las trompas de Falopio son dos conductos musculares que conectan el útero con los ovarios y que son fundamentales para conseguir el embarazo de manera natural. En cada ovulación de la mujer, el ovario librea un óvulo que se desplaza por la trompa de Falopio hacia el útero. Si, en ese momento, un espermatozoide consigue fecundar el óvulo, el embrión formado a partir de esa unión, seguiría el recorrido por la trompa hasta el útero.
En caso de que la mujer, por distintas razones de la vida, decida volver a tener un hijo, pueden conseguirlo mediante la reversión de la ligadura, o a través de la reproducción asistida, en concreto con la Fecundación In Vitro.

Ser madre tras ligadura de trompas

La ligadura de trompas, por tanto, bloquea el paso de los espermatozoides hasta el óvulo, y del óvulo hasta el útero impidiendo que se produzca la fecundación.  Sin embargo, la ovulación y los ciclos menstruales no sufren alteración alguna. Pero con la reproducción asistida se puede conseguir: gracias a que la fecundación se produce fuera del cuerpo de la mujer, -en el laboratorio- la Fecundación In Vitro es la mejor alternativa y la más eficaz para conseguir el embarazo.
La Fecundación In Vitro permite la fecundación entre el espermatozoide y el óvulo, lo que normalmente sucedería en el cuerpo de la mujer. En el laboratorio se unen los espermatozoides con los óvulos de la mujer, y el embrión resultante se transfiere al útero materno.
Por esto, la FIV se convierte en la opción más eficaz para volver a ser madre sin que la paciente se tenga que someter a una intervención quirúrgica.

Buscar el embarazo en verano es cada vez más frecuente: por una parte, si te quedas embarazada en verano, tu bebé nacerá en primavera, por lo que te ahorrarás tener la pesada carga durante los meses de más calor. Además, al producirse una considerable bajada de los niveles de estrés, los tratamientos de fertilidad también aumentan su porcentaje de éxito. Te contamos algunos trucos y consejos para quedarse embarazada en verano.

Conseguir el embarazo natural en verano

Durante los meses veraniegos; la relajación de horarios, las vacaciones y la consiguiente bajada de los niveles de estrés, hacen que sea más sencillo conseguir el embarazo. La eliminación de la ansiedad repercute positivamente en la fertilidad de la mujer.
Además, según un estudio de la Universidad de Parma, los espermatozoides mejoran su movilidad durante estos meses.

Porcentaje de éxito de los tratamientos de fertilidad en verano

Los tratamientos de reproducción asistida, como la fecundación in vitro o la ovodonación, aumentan un 12% en verano. El ambiente es más cálido, se afronta el tratamiento con mucha ilusión, y, además, la bajada de los niveles de estrés también influye positivamente.
Al reducirse el número de compromisos laborales y tener un horario más relajado, es mucho más fácil adaptarse al ritmo del tratamiento que marca tu cuerpo, ya que no tendrás que compaginarlo con un trabajo.

Consejos para quedarse embarazada en verano

Si estás buscando quedarte embarazada en verano, es fundamental que vigiles tu alimentación: basar tu dieta en alimentos sanos, ricos en antioxidantes, vitaminas, omega 3, ácido fólico… ¡las espinacas o el salmón ahumado son una gran idea! Además, que mejor menú que una ensalada fresquita para afrontar los meses de verano.
El ejercicio suave y moderado es muy beneficioso. Deportes como la natación o dar largos paseos a buen ritmo son muy beneficiosos para ti y para tu propósito de quedarse embarazada en verano. Además, junto con la alimentación variada y equilibrada, te ayudará a alcanzar tu peso ideal, ya que tanto encontrarte por encima o por debajo puede dificultar la concepción.

Millones de mujeres sufren al año cáncer de mama, enfermedad catalogada como el tumor más común en las mujeres. Estas mujeres no sólo deben enfrentarse a la dificultad de este duro diagnóstico, sino también a las consecuencias de la quimio o radioterapia sobre su reserva ovárica: los tratamientos oncológicos pueden disminuir o incluso anular su fertilidad. Sin embargo, la congelación de óvulos – el tratamiento que está revolucionando la medicina reproductiva- permite preservar la maternidad y por tanto la posibilidad de ser madre tras superar el cáncer.
¿Cómo se consigue preservar la maternidad con la congelación de óvulos?
La congelación de óvulos permite conservar la fertilidad en las mujeres diagnosticadas con cáncer y que se encuentran en edad reproductiva. El tratamiento consiste en la congelación ultrarrápida de ovocitos -en lugar del método tradicional de congelación-, con el objetivo de que los óvulos no sean dañados y no disminuya su calidad. La temperatura a la que se expone el ovocito se reduce de 22ºC iniciales a -196ºC de manera súbita. Esta velocidad de enfriamiento permite evitar la formación de cristales de hielo, los causantes de lesionar las estructuras celulares.
La congelación de óvulos permite salvaguardar los óvulos para tener la opción de ser madre tras superar el cáncer.
Congelación de óvulos para todas las mujeres
La congelación de óvulos es también una esperanza para las mujeres que no quieren ser madres en la actualidad, pero sí quieren serlo en el futuro. Gracias a su técnica de congelación ultrarrápida, se consigue preservar la fertilidad y los óvulos conservan su calidad, para elegir cuándo ser madre con las máximas garantías de salud para el futuro bebé. De esta manera, las mujeres que lo deseen pueden posponer su maternidad sin preocuparse por el descenso de la fertilidad con el paso de los años.

La edad es el factor clave de la fertilidad de la mujer: con el paso de los años, su reserva ovárica disminuye, siendo cada vez más complicado concebir, hasta que llega un momento en que la reserva se agota y ya no se puede conseguir el embarazo de manera natural.
Todas las mujeres nacen con una reserva ovárica determinada, estimada en un millón de óvulos y, cuando llegan a la menarquia (primera regla), disponen de unos 400.000 aproximadamente. En cada ciclo menstrual, se producen varios ovocitos pero solo uno llega a madurar y se libera (el dominante).
Además de la cantidad de ovocitos, con la edad, también se ve afectada la calidad de los mismos. Los primeros folículos que se desarrollan son los que aportan los óvulos de mayor calidad y que proporcionan una mayor probabilidad de conseguir una gestación normal. Y a medida que pasan los años, la calidad de los óvulos empeora. Por lo tanto, a la dificultad de lograr un embarazo de manera natural, se le suma un mayor número de partos prematuros, abortos y posibles alteraciones cromosómicas en el feto.
Teniendo en cuenta estos factores, los especialistas consideran que la edad idónea para concebir es antes de los treinta. Sin embargo, en la sociedad actual y por numerosas razones, la edad media de la mujer que tiene el primer hijo es a los 32 años. Por esto, muchas mujeres se enfrentan a dificultades llegando ese momento, y las técnicas de reproducción asistida se convierten en una práctica habitual. La congelación de óvulos se presenta como el tratamiento estrella de la fertilidad para mujeres en la veintena o en la treintena, puesto que permite posponer la maternidad con garantías.
La fertilidad de la mujer según la edad

Fertilidad a los 20

Durante la veintena, la fertilidad de la mujer se encuentra en su pico máximo debido al gran número de óvulos que contienen los ovarios. Además, genéticamente la mayoría son normales. La tasa de embarazo por mes de una mujer en su veintena oscila entre el 20 y el 25%, mientras que la tasa de aborto espontáneo sólo es de 5-10% y la incidencia de anomalías genéticas es de, aproximadamente, 1 entre 1000.

Fertilidad a los 30

A partir de los 30, la fertilidad de la mujer experimenta un declive, cuyo punto de inflexión se encuentra en los 35 años. No quiere decir que sea imposible, sino que le costará más poder tener un bebé. A diferencia de la tasa por mes de las mujeres en la veintena, durante la treintena desciende a un 15% aproximadamente. Una mujer que supere los 35 años, debería consultar con el especialista después de seis meses de búsqueda activa sin un resultado positivo.

Fertilidad a los 40

A los 40, la probabilidad de la mujer para tener un bebé de manera natural es inferior al 5%. Superados los 40, es aconsejable acudir a un especialista tras 3 meses intentando tener un bebé sin éxito. Como la maternidad de forma natural en esta franja de edad es un reto difícil, se puede recurrir a los distintos tratamientos de reproducción asistida.

La hormona antimulleriana (AMH) es una proteína producida por los folículos, que se encuentran en los ovarios. El análisis de la AMH revela la calidad y cantidad de ovocitos de la mujer, es decir, el estado de su reserva ovárica. La reserva ovárica son los óvulos de los que dispone una mujer y que marcan su fertilidad. Si es buena, la probabilidad de conseguir el embarazo será mayor. Por tanto, si el nivel de la hormona antimulleriana es alto, la fertilidad de la mujer será buena.
Anteriormente, la reserva ovárica de la mujer se medía mediante una ecografía transvaginal y un análisis hormonal basal. Actualmente, la fertilidad se valora además, con el análisis de la AMH. Gracias a este análisis se amplía la información y los datos, ofreciendo un diagnóstico más preciso.
La hormona antimulleriana está presente en ambos ovarios y por igual en todos los folículos. Se mide mediante un análisis de sangre y se puede realizar en cualquier momento del ciclo menstrual de la mujer, a diferencia de los valores de otras hormonas (como la FSH o LH) que cambian dependiendo del momento en que se realice.  Unos valores altos de AMH indican que existe una alta probabilidad de que se obtengan buenos resultados en los tratamientos de reproducción asistida. A medida que la mujer cumple años, la AMH disminuye. Unos valores bajos de hormona antimulleriana puede ser indicador de una baja reserva ovárica, aunque siempre es necesario combinarlo con otras pruebas (análisis FSH o ecografía transvaginal) para verificarlo. Aunque no existen valores de referencia estandarizados, por lo general, son considerados normales los niveles de AMH entre 0,7 y 4 ng/ml, y los valores por debajo de 0,7 ng/ml pueden indicar una reserva ovárica baja.
La hormona antimulleriana en los tratamientos de reproducción asistida
Para calcular el porcentaje de éxito en los tratamientos de reproducción asistida, los especialistas valoran factores como la edad y el estado de la reserva ovárica. Esta última la miden mediante una ecografía y el análisis de la AMH. La hormona antimulleriana es un marcador de la fertilidad, de envejecimiento ovárico. Los valores de la AMH y el grado de respuesta en la estimulación ovárica, están relacionados, por lo que es una herramienta útil en las clínicas de fertilidad para medir el éxito en los tratamientos de reproducción asistida y determinar cuál es la técnica indicada para cada paciente.
Opciones ante una baja reserva ovárica
Si, el análisis de AMH indica que la mujer presenta una baja reserva ovárica, ésta tiene varias opciones para conseguir el embarazo. La más eficaz, y si todavía no desea ser madre, es preservar su fertilidad mediante la vitrificación de óvulos. Gracias a la congelación ultrarrápida de esta técnica, los óvulos mantienen la misma calidad de cuando fueron congelados y pueden ser usados más adelante cuando decida formar una familia.

Los quistes ováricos, por lo general, no son un impedimento a la hora de conseguir el embarazo, pero en otros casos pueden ser una dificultad y pueden influir negativamente en la fertilidad. Cuando son pequeños suelen ser asintomáticos, sólo perceptibles mediante ecografías vaginales y no suelen ser malignos. De todas maneras, siempre es recomendable hacer un seguimiento y control ginecológico.
La mayoría de quistes ováricos son funcionales, es decir, producidos por los cambios hormonales propios del ciclo menstrual de la mujer. Suelen desaparecer en el transcurso de 6 a 8 semanas, por sí solos, y no suelen presentar síntomas indicativos (excepto algún retraso menstrual). Pueden ser:

  • Quiste folicular: cuando el folículo, destinado a romperse, no lo hace y se queda retenido el líquido. Generalmente desaparecen a los pocos meses sin tratamiento.
  • Quiste de cuerpo lúteo: el folículo que ha liberado el óvulo se cierra y acumula líquido en su interior. Normalmente suele desaparecer a las pocas semanas, pero en otras ocasiones, puede crecer más de 4 centímetros de diámetros, causando dolor pélvico o abdominal.
  • Existen otros quistes en los ovarios, no funcionales, entre los que destacan:
  • Quistes dermoides: suelen ser benignos y no afectan a la fertilidad. Deriva de células embrionarias, por lo que suelen contener tejido sebáceo, pelos, cartílagos o huesos.
  • Endometriomas: los quistes, de color chocolate, llenos de un líquido marrón compuesto por sangre del tejido endometrial, pueden crecer en los ovarios y reemplazar al tejido ovárico normal. Es un tipo de endometriosis y puede causar dolor e infertilidad.
  • Quiste cistoadenoma: se desarrollan fuera del ovario y, si son de tamaño grande, pueden causar fuertes dolores. Suelen ser benignos y no influyen en la fertilidad de las mujeres.

Síntomas de los quistes en los ovarios

La mayoría de los quistes ováricos son pequeños y asintomáticos, y solo pueden ser diagnosticados a través de ecografías transvaginales en las revisiones ginecológicas periódicas. Pero, los quistes de mayor tamaño (más de 6 centímetros) pueden causar dolor pélvico agudo. En caso de presentar síntomas, podrían ser:

  • Cambios en el ciclo menstrual
  • Dolor durante las relaciones sexuales (dispaurenia)
  • Dolor pélvico durante toda la menstruación
  • Distensión o inflamación abdominal
  • Náuseas o vómitos

Aunque algunos quistes no afectan la fertilidad, es necesario acudir al ginecólogo cuando, en el momento en que se busca el embarazo, la pareja observa dificultades para concebir

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